Julio 6 de 2022

Tras más de dos años y tres meses, la semana pasada terminó la vigencia de la emergencia sanitaria que se declaró en marzo de 2020 para hacer frente a la pandemia de covid-19. Sin embargo, ello no significa que la amenaza del coronavirus haya desaparecido. De hecho, el último reporte semanal del Ministerio de Salud alertó en torno a un aumento de los contagios y de las muertes, confirmando que el país registra una quinta ola epidemiológica que, si bien está lejos de los niveles críticos y trágicos de anteriores picos, es evidente que obliga a mantener todas las alertas prendidas.

 

Al decir de los expertos de la Organización Mundial de la Salud así como de la Organización Panamericana de la Salud, el covid-19 está en tránsito de pasar a una etapa endémica, al menos en cuanto a los modelos de morbilidad y mortalidad. Sin embargo, no se puede hablar del fin de la crisis, principalmente porque la alta mutabilidad del virus y la incertidumbre en torno a cuál es el nivel de eficacia de las vacunas contra las nuevas variantes y cepas, generan un escenario epidemiológico incierto. En otras palabras, si bien el mundo logró ganar muchas batallas contra el covid-19, pese a los casi 550 millones de infecciones confirmadas y los más de seis millones de fallecidos, aún se está muy lejos de conocer totalmente al ‘enemigo’ que generó la debacle sanitaria más grave de las últimas décadas.


En el caso colombiano, con más de 6,1 millones de contagios y 140 mil vidas pérdidas, la semana pasada uno de los principales escalafones a nivel global ubicó a nuestro país en el top 15 de las naciones que mejor manejo dieron al embate pandémico, lo que sin duda representa no solo un reconocimiento al plan de contingencia activado por el Gobierno sino al esfuerzo combinado del sector privado y la ciudadanía, así como al invaluable rol del personal de talento en salud. Es evidente que se pagó un alto costo por esta crisis, pero sin toda la estrategia de respuesta la tragedia habría sido sustancialmente mayor.


Así las cosas, queda claro que no se puede bajar la guardia ni creer que por el fin del estado de emergencia sanitaria la amenaza pandémica desapareció. El hecho de que en la última medición semanal se reportaran más de 50 fallecimientos pone de presente que el peligro persiste, más aún en medio del drástico remate de la primera temporada invernal y el consecuente pico de las enfermedades respiratorias agudas. Incluso, el personal médico ha advertido que la coincidencia de síntomas entre estas y el coronavirus puede estar generando un subregistro en cuanto al volumen real de contagios de covid-19, afortunadamente con bajos índices de mortalidad. Es necesario, entonces, no disminuir la capacidad instalada para realizar las pruebas que confirmen o descarten la infección y que se pueda proceder a los protocolos respectivos de aislamiento y vigilancia sanitaria.


El llamado principal continúa siendo a la ciudadanía para que mantenga las medidas de bioseguridad más básicas y, sobre todo, complete el esquema de vacunación básico así como las dosis de refuerzo. Los porcentajes en cuanto al primero son altos pero en lo referente a las segundas aún se está a medio camino. Es innegable que ello se debe a la peligrosa y creciente percepción en muchos sectores poblacionales en torno a que el covid-19 ya es cosa del pasado.
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Por otra parte, al terminar la semana pasada el estado de emergencia sanitaria, que establecía un manejo centralizado y prioritario de los casos de coronavirus, resulta imperativo que, al regresar al mecanismo ordinario de atención  a través de las distintas instancias del sistema de aseguramiento en salud, no se flexibilice o demore la prestación del servicio a los pacientes contagiados o sospechosos de coronavirus.


Igual hay alertas tempranas en algunos gremios médicos sobre lo que pasará con la capacidad instalada de equipos especializados, respiradores y unidades de cuidado intensivo que se adquirieron y pusieron al servicio en medio de la crisis pandémica. Son un activo importante que no se puede desperdiciar y podría ser utilizado para distribuirlo en centros de salud y hospitales de zonas aisladas en donde el nivel de atención es muy básico.


Por el momento, el llamado continúa siendo el mismo: la amenaza del covid-19 sigue vigente y no hay que bajar la guardia.

Webgrafía:

https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/07-03-2022-editorial-covid-19-amenaza-vigente

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